En 2019 no dejes que te controlen/ En 2019 no deixis que et controlin

Amigas y amigos: que en 2019 tengamos fuerzas para luchar por lo que nos importa y cumplamos algún sueño. Y el azar o el destino nos sigan permitiendo compartir proyectos e ilusiones.

Estimats i estimades: que el 2019 disposem de forces per lluitar pel què ens importa i assolim algun somni. I l'atzar o el destí ens continuïn permetent compartir projectes i il.lusions.

Be yourself. Don't let anyone control you in 2019!



Call me by your name, de Luca Guadagnino



Luca Guadagnino ha afirmado en más de una ocasión: “mi órgano sexual son mis ojos”. Quizá por esta razón es uno de los cineastas actuales que llega más lejos en la representación de la pasión. Call me by your name es, de hecho, la tercera entrega de una trilogía sobre el deseo, que se inició con Soy el amor (2009) y continuó con Cegados por el sol (2015). No obstante, si la primera se centra en el amor como transgresión y liberación, y la segunda, en el amor como posesión y contención, ésta última gira alrededor de la iniciación amorosa. El deseo puede ser transgresor o conservador, pero es en la juventud cuando se manifiesta con más intensidad. 

“Todos nosotros hemos sido rozados alguna vez por una mirada, una palabra, algún fragmento insustancial divino que, en cuestión de segundos, ha conseguido expandir el tiempo, borrar los límites del espacio y abrirnos al deseo desaforado, el amor por la belleza, la dulzura de una ilusión”, comenzaba mi ensayo La Pasión en el cine (Ediciones JC, 2012). Estos momentos inefables, que corresponden a la magia del enamoramiento, son los que describe la película con sutilidad y delicadeza, mas con fuerza inusitada. Al director no le interesa mostrar relaciones sexuales explícitas, si no los gestos, diálogos, silencios anodinos que las preceden, las precipitan, las sobreviven. Los indicios de la seducción: una mano que se apoya en un hombro, una mirada celosa o cómplice; y, en el plano simbólico, desde las estatuas clásicas de muchachos de cuerpos fibrados, hasta los fragmentos de Heráclito sobre el tiempo, pasando por una fruta madura, alegoría perfecta de la pasión. La novela homónima de André Arciman y el primer guión de James Ivory se convierten con el estilo sensorial de Guadagnino en una exploración del gozo y la sensualidad. Inmersa en el esplendor de los parajes de la Lombardía, con un solo objetivo de 35 mm, el ojo de la cámara proyecta sobre dos actores en estado de gracia, Timothée Chalamet (Elio) y Armie Hammer (Oliver), su invitación al carpe diem. 



Call me by your name es más que una película de amor homosexual. Su incursión en el descubrimiento amoroso y los entresijos de la bisexualidad la dotan de un mensaje universal. Los dos protagonistas tienen relaciones satisfactorias con mujeres, lo cual no les exime de enamorarse el uno del otro. Se diría que ambos están probando en su carne ese sentimiento que los griegos calificaron como Eros, tan poderoso como incontrolable. De ahí su peligro: de las cimas del placer al precipicio del dolor hay un paso. Pero, ¿no vale la pena correr el riesgo a cambio de experimentarlo, ni que sólo sea una vez? Quizá ahí resida, como dice la canción de Sufjan Stevens, el misterio del amor.

Silvia Rins, Todos los Estrenos 2018

Todos los estrenos 2018

Todas las películas estrenadas durante 2018 en España, con críticas, comentarios, valoraciones. Y posters a todo color de sus carteles. Entre mis críticas podreis encontrar las de Call me by your name, Climax, The Disaster Artist, Carmen y Lola, En la sombra, Suspiria.... La mejor guía para encontrar la película ideal en el momento oportuno.

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Mary Shelley: Apología del monstruo


“La invención, hay que admitirlo humildemente, no consiste en crear del vacío, si no del caos”. Prólogo de Mary Shelley a Frankenstein

Este verano ha llegado a las carteleras la segunda película de la directora saudí Haifaa Al-Mansur: Mary Shelley. En el bicentenario de la publicación de Frankestein (1818), novela que inaugura el género de la ciencia ficción, el film muestra cómo una jovencita talentosa y tenaz se inicia en la vida y a través del dolor se forja como escritora. En el hogar conservador donde vive junto a su padre y su madrastra, se nutre de heterodoxas lecturas, entre ellas, los libros de su madre, Mary Wolstencroft, precursora del feminismo con sus Reflexiones sobre la educación de las hijas (1786) y Vindicación de los derechos de la mujer (1792), a quien lee a escondidas junto a su tumba. Cuando conoce al poeta Percy B. Shelley con apenas dieciséis años su corazón se abre al amor, y se fuga con él junto a su hermanastra, pese a la oposición de su familia, que se desentiende de su suerte. Sin embargo, las pasiones álgidas siempre tienen su reverso: la noción de “amor libre” posee un significado diferente para cada miembro de la pareja. Mientras que para el poeta implica mantener una relación abierta, para la escritora se centra en darlo todo por el hombre a quien ama. Con los problemas económicos llegan las peleas, la desesperación, los celos, los reproches. La parte central del film es una particular visión del famoso episodio que recreó Remando al viento (1987), de Gonzalo Suárez, y que Mary Shelley rememora en su prólogo a la segunda edición de Frankestein: el viaje a la casa de Lord Byron en los Alpes suizos, donde éste propuso a sus anfitriones escribir una historia de terror. En dicho prólogo, Mary especifica que “los ilustres poetas –es decir, Lord Byron, Shelley y Polidori–, incómodos con la trivialidad de la prosa, abandonaron enseguida la antipática tarea”.

Westworld. El homo roboticus toma el control

Coincidiendo con el estreno de la segunda temporada de la serie en HBO, ya ha llegado a Amazon, en versión digital Kindle, “Westworld: el Homo roboticus toma el control”, el último libro colectivo en el que he tenido el placer de colaborar con un ensayo titulado “La autómata y el laberinto”. Después del verano, se pondrá a la venta el libro en papel. ¿Te has cuestionado alguna vez la naturaleza de tu realidad? Imperdible para los seguidores de la serie más vista de la televisión americana y para aquellos que deseen adentrarse en todos sus enigmas y misterios.


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Entrevista en el Jardín de Atenea: "Era una niña cuando empecé a inventar mis primeras historias"


Por Edward Martin, (Corresponsal en Barcelona)

Charlar con Silvia Rins Salazar (Barcelona, 1971) es un verdadero deleite. Licenciada en Filología Hispánica y Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona (UB), nuestra protagonista desborda ingenio y vitalidad. A lo largo de la conversación, su enorme cultura cinematográfica hace su aparición con una naturalidad bañada en un fino sentido del humor. A este respecto, nuestros lectores más cinéfilos encontrarán un perfecto y gozoso acomodo entre las páginas de espléndidos libros que llevan su firma, tales como “La Emoción sin Nombre, Amor y Deseo en el Cine” (2001), “La Pasión en el Cine” (2002) o “Las Grandes Películas Asiáticas. Espiritualidad, Violencia y Erotismo en el Cine Oriental” (2008). Su nueva entrega es un volumen de poesía titulado “Apología de las Sombras”. Un trabajo que invita a bucear en nuestras raíces culturales occidentales (en especial las de raíz helenística) con una mirada que desmitifica conceptos totémicos como el amor o el sexo. El estilo -pulido y elegantemente transgresor- sirve para lanzar dardos a todo lo “políticamente correcto”, lo que facilita el establecimiento de una complicidad instantánea que desemboca en la fácil conexión espiritual con el texto. Partiendo de su propio acervo y experiencia, Silvia Rins proyecta imágenes, haciendo las veces de espejo y aguda cronista vital. Una cronista apologética que nos invita a recorrer junto a ella bellos parajes literarios plagados de referencias autobiográficas e íntimos apuntes sobre el sentido de la vida misma. 
A continuación incluimos las respuestas de la autora barcelonesa a nuestras preguntas.

¿Cuándo os encontrasteis la poesía y tú?

Escribo desde que leo. Era una niña cuando empecé a inventar mis primeras historias pero pronto me interesó más expresar estados de ánimo que narrar hazañas. Me di cuenta de que la poesía impregnaba cualquier pensamiento profundo y arrastraba a las palabras más allá de su significado. La poesía no sólo decía: creaba lo que no era capaz de revelar el lenguaje lógico-racional.

¿En qué fuentes se inspiran tus poemas de Apología de las sombras?

Se trata de un homenaje irreverente a los filósofos griegos, ahora tan olvidados y adulterados, pese a que la cultura occidental no existiría sin ellos. Especialmente a Platón, a quien vapuleo con grandes dosis de humor negro e infinito cariño, porque lo considero mi tatarabuelo literario; y a los poetas presocráticos, los teóricos del mundo natural y del camino de la experiencia. También hay referencias implícitas y paródicas a clásicos de la literatura española como Quevedo y San Juan de la Cruz. Sin embargo, son poemas muy arraigados en el presente, abundan los coloquialismos, la ironía y el léxico científico. El conjunto es un tanto provocador, no sólo por su erotismo heterodoxo, sino porque es anti-dogmático y desmitificador.

¿En qué os perecéis tu yo interior y tu yo poético?

Básicamente en la multiplicidad. Creo que tanto en la vida como en la escritura es un error considerarnos un ente exclusivo y unívoco. La riqueza humana reside en aceptar todas nuestras facetas simultáneas, todos nuestros yos en el tiempo. Y por extensión los de los demás. Desde los más luminosos a lo más oscuros. Hay que aprender a amar a nuestros monstruos para que no nos acaben destruyendo.

Si los poemas son flechas, ¿a quién diriges las tuyas?

A los lectores hartos de lo políticamente correcto, dispuestos a correr riesgos y a romper tabúes. Para mí la poesía debe producir una reacción en el público, que lo saque de sus rutinas y convicciones. El poema genial consigue que quien lo empezó a leer, cuando lo acaba, no sea la misma persona.

¿Las sombras merecen una o varias apologías?

Han merecido unas cuantas a lo largo de la historia por parte de la filosofía, la psicología, el arte y la literatura. Decía Sófocles que el ser humano no es más que respiración y sombra. En mi apología, la sombra es una metáfora consustancial al ser humano. Habitamos una caverna, iluminada por un proyector, donde el mundo exterior pasa frente a nuestros ojos como una ilusión, un misterio, una amenaza. La gran paradoja es que amar es fascinación por las sombras y también necesidad de dispersarlas. Pero, ¿hay algo detrás de ellas?

Un gran misterio que quizá sólo pueda resolver la poesía. Además de la escritura, ¿qué te roba el corazón?

El cine. Escribo crítica cinematográfica desde hace más de veinte años y soy autora de tres ensayos: “La Emoción sin nombre”, “La pasión en el cine”, y Las Grandes Películas Asiáticas. Espiritualidad, Erotismo y Violencia en el Cine Oriental, además de haber colaborado en prensa y también en numerosos libros colectivos. La representación visual de los sentimientos me interesa tanto como invocarlos con palabras.

¿Qué aporta la poesía en el momento actual?

Los antiguos griegos sabían que el conocimiento se genera de la antítesis entre contrarios, fruto de la dialéctica. Que la contradicción no paraliza, si no dinamiza. Que diferentes verdades pueden coexistir. La poesía expresa sentimientos universales y es una fuente de empatía, que hace que nos reencontremos a nosotros mismos en el espejo del otro. En tiempos como éste, la poesía es más necesaria que nunca. La voz incómoda del poeta, en medio del caos, podría ser la de la cordura.